EvAU + COVID-19 = Estrés2



Hace dos semanas, antes de que se delegara en nuestra responsabilidad individual y nos permitieran ir asomando la cabeza fuera de casa, hablando con mi amiga Crina sobre cómo llevábamos el confinamiento, algo recurrente estos días cuando te apetece charlar con alguien con quien no convives para que se te amplíen los horizontes más allá de las cuatro paredes de tu casa, surgió el tema de moda en estos momentos: las clases a distancia.


Evidentemente, como profesor estoy teniendo mi propia vivencia particular, conozco de primera mano la de algunos compañeros, y de segunda mano la de otros muchos a través de las redes sociales. Pero lo que me invitó a redactar este artículo ha sido el giro que dio la conversación a raíz de esta pregunta:


¿Cómo lo están viviendo los verdaderos protagonistas?, las alumnas y los alumnos que se están preparando para EvAU



La tónica general es de un estrés alto y es posible que, en muchos casos, de ansiedad. En cursos anteriores hemos desarrollado Talleres de Gestión del Estrés y de la Ansiedad para alumnas y alumnos de Segundo de Bachillerato y la mitad de ellos, tras explicarles las diferencias entre estrés y ansiedad, afirmaron haber sufrido con cierta periodicidad la ansiedad y, prácticamente la totalidad, el estrés. De hecho, este es un curso en que ya acumulan mucho estrés y más de un tercio del alumnado suele apuntarse, fuera de horario, a trabajar con nosotros estas situaciones, porque consideran que necesitan una ayuda que no reciben por los cauces formales para poder gestionarse.



Este año se han unido factores adicionales para potenciar estas sensaciones:

- la inseguridad que ha generado la rotura del ritmo de clase.

- la mayor o menor flexibilidad que haya tenido el centro en el que estudien y ellos mismos a adaptarse a unas nuevas rutinas.

- la incertidumbre sobre cómo se realizará la prueba y cómo calificarán sus propios profesores la última evaluación.


Además, hemos de recordar que viven conectados al mundo como nosotros, y por tanto, también acumulan la incertidumbre social. No dejan de tener una familia que se está enfrentando a esta situación de muy diversas maneras.

La sensación de desbordamiento les acompaña en ciertos momentos porque, al fin y al cabo, la situación es aún menos abarcable de lo que normalmente es, y Segundo de Bachillerato suele ser poco abarcable de por sí. Y con ello habrán llegado bloqueos, bajadas de estado de ánimo, falta de concentración…


La realidad de estos días les ha llevado a tener que tomar aún más la responsabilidad de sus decisiones. Esta situación de desvinculación física del instituto o colegio, de sus compañeros y de los profesores les obliga sacar toda su reserva de fuerzas tirando de la capacidad de autonomía personal. Y aquí es donde la gran mayoría se puede quebrar.



En los primeros días, hasta las vacaciones de Semana Santa, el desconcierto, la desubicación y el desaprovechamiento del tiempo son perfectamente entendibles, y no merece la pena tenerlo en cuenta. Todos hemos necesitado un periodo de adaptación. Como yo les digo a mis alumnas y alumnos más jóvenes: “la función de relación consiste en recibir toda la información posible de entorno (interno y externo) y tras procesarla generar la mejor respuesta para sobrevivir”.

Como resultado de la adaptación se esperaba, a partir de mediados de abril, un enfoque claro, unas rutinas determinadas y, sobre todo, una mente un poco menos confusa. No obstante, en muchos casos, no ha sido así.


¿Y qué se puede hacer?¿Cómo se puede aportar un granito de arena desde casa o desde el entorno?


Desde el entorno hay que evitar cargar aún más de estrés al alumno / alumna, seguro que en esto coincidimos todos. Pero muchas veces nuestro bien intencionado enfoque consigue justo lo contrario. Necesitamos comenzar por comprender no solo su estado de ánimo, sino cómo construyen su mapa de realidades. Con el estrés por la incertidumbre nos puede ser relativamente fácil empatizar, al fin y al cabo, ahora lo estamos compartiendo todos, cada uno por nuestros motivos. Pero hay una notable diferencia en el desarrollo cerebral entre el adulto y el adolescente de 17-18 años.


Seguro que, tengas o no tengas niños, has vivido divertidas situaciones de los más pequeños en los que hoy, ayer o mañana se confunden. Y te cuentan cosas que hicieron mañana. Cuando crecen, un poco más, estos tres estadios los diferencian pero ayer sirve para todo lo pasado y mañana para todo el futuro. Y puede que ayer estuvieras en la playa de vacaciones y a la vez pintando en casa un mural. Según crecen van distinguiendo mejor las fases del pasado aunque la proyección hacia el futuro tarda más en desarrollarse. Por mi experiencia en el aula te diría que la mayoría de ellos no suelen tener la capacidad de proyectarse con claridad más allá de seis meses, algunos llegarán al año. ¿Te parece exagerado? Mira, un ejemplo de algo que has hecho tú y he hecho yo y seguro te suena familiar si buscas en tu memoria: te has organizado mal para los exámenes. ¿Y cuál era la coletilla posterior? “En la siguiente no me pillan…”. ¿Y qué ocurría? Que volvíamos a lo mismo. Tú, yo y la gran mayoría de las personas que hemos pasado por exámenes. Teníamos poca capacidad de proyección y por tanto, no cambiábamos las rutinas a tiempo. Y si en lugar de organización hablamos de estrés y ansiedad hacia los exámenes, ¿cuántos en vez de mejorar sus rutinas anti-ansiedad, se encallan en un bucle que les hace mantenerla o incluso incrementarla? Esta falta de proyección definida del futuro les limita en la definición de metas y dispara todas sus incertidumbres o miedos.


Teniendo lo anteriormente presente el primer objetivo es evitar una serie de errores comunes en nuestras intervenciones:



  • NO le digas “no te preocupes”. Si le decimos esto su Diálogo Interno sería algo parecido a lo siguiente: ¿Cómo no voy a preocuparme? Dentro de un mes y pico tengo el Examen y si no estoy a tope, todos mis sueños, que encima no sé si son los correctos, al traste. No puedo permitirme el fallar, y encima ya me he demostrado a mi mismo / misma que soy falible, y eso que en el instituto los profes me quieren y no me tratan como a un número. Encima el lío este del COVID que a saber cómo influirá en el Examen. Así no hay forma de prepararse. Pero si no sabemos todavía en qué condiciones lo vamos a hacer…

  • NO recalques que no está llegando a cubrir las expectativas de trabajo o resultados, suyas propias o de las personas que estamos en su entorno. La respuesta a nivel Diálogo Interno sería muy similar a la anterior: ¿Crees que no lo sé? Pero ¿tienes tú la varita mágica? No tengo claro ni como me siento… A ratos rabioso, a ratos frustrado, a ratos eufórico… Con todo este follón más el mío propio, ¿cómo voy a poder concentrarme?

  • NO le proyectes hacia el grado o estudios posteriores que quiera hacer. Si no sabe aún por que decidirse, al sentir que se le echa el tiempo encima aumentará su agobio y bloqueo. Su Diálogo Interno será del tipo: Si a estas alturas no sé aún qué hacer con mi vida… E incluso si lo tiene claro, plantearle que el futuro se lo juega en esa cita y que tiene que prepararse, cuando psicológicamente no lo puede hacer, le llevará a más bloqueo.

  • NO utilices el “tú puedes”. Esta aúna camufladas varias razones: la primera, justo la anterior, le estamos proyectando nuestra expectativa, por lo que, aparte de las suyas, le aumentamos la presión porque no va a querer defraudarnos. La segunda, le recalcas que no lo está consiguiendo, que no puede. La tercera, le estás quitando importancia a su sentimiento de bloqueo y a sus miedos. La cuarta, sentirá frustración por querer hacerlo pero no saber cómo. No obstante, si es una expresión que sueles utilizar acuérdate de seguir con algo como: “porque ya sabes cómo / porque ya lo has hecho antes / porque ya has conseguido cosas similares” etc.


Dicho esto vamos hacia enfoques constructivos. Hoy precisan lo mismo que en cursos anteriores: en los Talleres hemos detectado que, independientemente de si les enseñas o no a aplicar técnicas de gestión para picos de ansiedad o estrés, que evidentemente agradecen, la verdadera necesidad a cubrir es la seguridad. Sentirse seguros de sí mismos, confiar en sus propias capacidades y en lo acertado de las decisiones que van a tomar.



Para ello es importante escucharles, aceptarles y así ellos puedan reconocerse y encontrarse acompañados al compartir la emoción; que entiendan que tienen derecho a tener miedo y dudas, que siempre hay cosas que no se controlan o que no se van a poder controlar. Es importante que se sientan seguros a la hora de verbalizar sus dudas y miedos. Y si las comparten con iguales verán que no son los únicos. Encontrarán cómplices y el ser humano, como ser social que es, en el grupo se fortalece. Por tanto, no hay que tener miedo a que lo expresen y si es entre iguales hay que dejarles que vean que la gran mayoría pasa por lo mismo.


En estos momentos de aislamiento en los que el contacto con iguales se reduce, es el adulto que debe comenzar con el ejemplo, exponiendo algunos de tus miedos de cuando viviste esta etapa. No le digas que lo tenías todo claro y tu vida era clara y fácil, porque además sabes que no es verdad. No le quites hierro a todo eso que viviste.


La incertidumbre crece según nos orientamos hacia el futuro, por tanto hay que centrarse en el reto inmediato, en el día de hoy y en el de mañana, ni siquiera en una semana. Diseñando planes que sean asequibles y realistas; ahí es clave la función del adulto, no le pidamos más de lo que puede dar, de hecho si hace un plan de trabajo es mejor que les rebajemos un poco lo que él diseñe, porque cuando diseñan, al no saber proyectarse en el tiempo suelen hacerlo por exceso.


Y para dar los primeros pasos, y para retroalimentarse en positivo, hay que recordar experiencias de éxito que haya tenido. Exámenes que han salido bien, situaciones que ha sabido superar. Qué encuentre en esas experiencias las herramientas que le han llevado al éxito, así irá reforzando su autoconcepto y mejorará su autoestima.


¿Es necesario un cambio de prioridades a partir de ahora?


Ya hace tiempo que en todos los ámbitos se venían reclamando cambios. El educativo ha sido uno de los más convulsos en este aspecto ya que aún no hemos llegado a comprender desde la perspectiva legislativa qué es lo que la vida actual nos demanda. Además, esta vivencia está dejando patente que el entorno que creíamos seguro e infalible ya no lo es. La ciencia y la tecnología, que nos van a sacar de esta con el tiempo necesario, nos quitarán este problema, pero habrá otros. Y solo el desarrollo de ciertas competencias nos permitirá sobrellevar los cambios adecuadamente.


Por tanto, si ya se planteaba que la era del conocimiento debe cambiar de paradigma para centrarse en el Ser, ahora la necesidad es evidente. Volviendo a la experiencia de los Talleres, una cosa que tenemos clara es que el estrés es un síntoma, y la forma de trabajar con los síntomas es llegando a la causa, y para ello hemos trabajado en una versión sobre el autoconocimiento y aumento de la percepción consciente de información para las alumnas y los alumnos de Primero de Bachillerato. De igual modo cubrimos la necesidad de Talleres para Familias… En definitiva ante un mundo que se avecina altamente cambiante las competencias claves que van a hacerse imprescindibles van a ser la de aprender a aprender (resiliencia) y la Inteligencia Emocional. Por lo que una de las incorporaciones imprescindibles será la formación, no teórica, sino práctica, de alumnos, profesores y familias en la Inteligencia Emocional. Y comenzar a ejercitarla cuanto antes, es decir implantarla de forma vertical en todos los niveles.



Para cerrar, voy a argumentar brevemente el porqué de mi tan rotunda afirmación: Antes hacía referencia a la función de relación en los seres vivos, esta es la función que ha permitido y permite a la Vida sobreponerse y salir adelante. “La vida se abre camino” mantra en toda la saga “Parque Jurásico” que pronunciaba el genial Ian Malcolm (Jeff Goldblum).



Lo consigue en base a dos parámetros: la asociación y la flexibilidad. Y resulta que el ser humano ha optado por un modelo individualista y competitivo, ligado a las teorías Darwinistas, y rígido. ¿Por qué rígido? Nuestra gran ventaja evolutiva, la capacidad de desarrollar tecnología, ha sido precisamente la causa. La gran mayoría somos consumidores pasivos de la tecnología que cubre todas nuestras necesidades. Yo no tengo que preocuparme de cómo es la cadena tecnológica para hacer que los plátanos lleguen al estante el supermercado. Simplemente los consumo. El hacernos consumidores rutinarios produce que haya numerosas adaptaciones al entorno que no precisamos y por tanto nos acomodamos, nos vamos haciendo menos flexibles y ágiles.


La Inteligencia Artificial ya decide por nosotros muchas más cosas de las que creemos, y la naturaleza está demostrando que no nos necesita. Lo que nos hará prevalecer y hacernos seguir sintiendo seres libres, es lo que nos hace únicos ante ambas cosas, nuestra Inteligencia Interpersonal e Intrapersonal. Eso quiere decir que el desarrollo de nuestra Inteligencia Emocional se está haciendo imprescindible.

Al ser Emocionalmente Competentes tendremos la capacidad de sacar nuestra mejor versión, siendo eficientes y eficaces a la hora de afrontar las situaciones que el presente o el futuro nos presenten. Incluso un examen de EvAU bajo condiciones excepcionales.


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