Ser la / el mejor



Acabo de tener una larga conversación con mi hermano sobre temas laborales, aspiraciones, sueños...

Le va muy bien y, aún así, noté una sombra de insatisfacción en su voz. Al preguntarle de qué se trataba, reconozco que no me esperaba su respuesta: "Quiero ser el mejor". Acto seguido pensé “¿Mejor que quién?”. Pero me abstuve. En realidad, le comprendía perfectamente ya que solo hace unos años atrás yo misma decía las mismas palabras: "Quiero ser la mejor".

Normal. Nuestros padres siempre nos han exigido eso: ser los mejores. Dejando de lado su historia personal, su sistema de creencias adquiridas por la educación recibida y otras circunstancias (territorio en el que no toca entrar ahora), para ellos, ese era el único camino hacia un buen futuro (para nosotros): estudiar y ser los mejores.

La parte positiva: que si algo se nos mete entre ceja y ceja, lo perseguimos, lo conseguimos y no con cualquier resultado, sino con el mejor posible (nos dejamos la piel en el camino). ¿Quiere decir eso que somos los mejores? No. O no siempre. :-)

La parte negativa: El perfeccionismo (y sus diversos látigos), la frustración, el miedo al fracaso, el miedo al qué dirán, las comparaciones, la envidia, las críticas, los juicios...


Ok. Vamos por partes.

¿Para qué sirve el perfeccionismo en realidad?

Para sentir insatisfacción por muy bien que hagas las cosas y por muy buenos resultados que tengas (siempre hay espacio para mejorar, ¿verdad?). Para frustrarte. Para criticarte. Y a los demás también por no esforzarse tanto como lo haces tú. Para ser cada vez más inflexible. Para fustigarte por tus errores, por tus equivocaciones. Para tenerle un tremendo miedo al fracaso y al qué dirán. Para compararte sin cesar con otras personas y dar paso así a la envidia.


¿Lo ves? En realidad NO sirve.

Todo lo contrario. La envidia te traerá amargura. (más sobre la envidia aquí).

El miedo al “qué dirán si fracaso, si me equivoco”, te irá agobiando y finalmente te inmovilizará al igual que lo hará el miedo al fracaso. Tus magníficas ideas, proyectos, sueños morirán en la fase embrionaria.


Bien. ¿Y qué hacer entonces?

Primero destierra de tu vocabulario la palabra “fracaso”. No existe el fracaso, solamente el aprendizaje. Todo error, toda equivocación trae aprendizaje. Sí, sobre todo de cómo NO hacer algo. ¡Genial! Es un magnífico aprendizaje. Te reto a que, a partir de ahora, agradezcas toda equivocación, todo error que hayas cometido a lo largo del día. :-)

Sí admites que eres un ser falible, pero que sabe aprender de sus errores, desaparecerán las frustraciones y la inflexibilidad y aparecerán la humildad, las ganas de aprender, de crecer, y con todo ello llegará la sabiduría. En ese momento, también desaparecerá el miedo al qué dirán ya que TÚ te has aceptado, por lo cual, no necesitarás que los demás te acepten. (más sobre los miedos aquí)

Por supuesto que dejarás de juzgar y de criticar a los demás ya que aceptarás que esas personas, al igual que tú, son falibles, pero qué, al igual que tú, tienen la capacidad de aprender, de crecer, de mejorar. Por tanto, incluso tú ámbito social mejorará.

Con todo esto, finalmente, llegará la satisfacción por los resultados. Tu mejora será continuada, sí, pero cambiando el enfoque, buscando el aprendizaje, y no para ser el mejor o la mejor, sino para ser mejor de lo que fuiste ayer. Y eso es lo que te llevará a la excelencia.


"Un hombre no debe nunca avergonzarse por reconocer que se equivocó, lo cual es como decir que hoy es más sabio de lo que fue ayer." - Jonathan Swift


Nota

Nuestros padres son unos benditos santos que nos han educado, a mi hermano y a mí, en valores y principios, y nos han enseñado qué significa AMAR.


Mamá, papá:

Gracias

Gracias

Gracias

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